Manlopseg

El derecho a comer

Escrito por manlopseg 22-07-2018 en El derecho a comer. Comentarios (0)

El derecho a comer

En cierta ocasión, Nasreddin fue invitado a cenar al palacio más elegante del lugar. Cuando el sabio hombre, montado en su inseparable burro, llegó a las puertas del palacio vestido con sus ropas de siempre, que eran pobres y viejas, por más que protestó y dijo que había sido invitado, los guardias no le dejaron entrar al tomarle por un mendigo.

Muy enfadado pero con el deseo de poder comer bien, Nasreddin pidió prestado al sastre del pueblo una camisa y unos pantalones nuevos. Después se lavó, se peinó y perfumó y se vistió con la ropa nueva. Esta vez, los guardias le hicieron grandes reverencias al llegar y el dueño del palacio lo instaló en uno de los lugares de honor.

Cuando empezó a llegar la comida, Nasreddin se dispuso a mojar las mangas de su camisa en cada plato antes de comer, mientras decía “Come bonita, come, que está muy rico, anda come …”

Todo el mundo allí presente se le quedó mirando. El dueño del palacio se quedó muy extrañado y le preguntó “Pero Nasreddin, ¿por qué metes las mangas de la camisa en tu plato?”

Y el sabio contestó “Puesto que las atenciones que recibo y la comida que se me dan tiene que ver con mi ropa y no con mi persona, creo que es justo que mi ropa pueda también recibir su parte y probar la comida, ¿no es así?”

Desde entonces, y después de esta pública lección, el dueño del palacio sintió tanta vergüenza que nunca más se le volvió a negar la entrada a un invitado por el simple hecho de llevar ropas pobres.


La luciérnaga

Escrito por manlopseg 22-07-2018 en La luciérnaga. Comentarios (0)

La luciérnaga

En un bosque de Tailandia vivía una numerosa comunidad de luciérnagas. Su casa era el tronco de un árbol lampati, el más viejo de todo el país. Por la noche, las luciérnagas salían del árbol para iluminar la noche con su tenue luz y parecían pequeñas estrellas danzantes.

Pero no todas las luciérnagas participaban: una de ellas, la más pequeña, se negaba a salir del lampati para volar. Toda su familia estaba preocupada, pero pasaron  los días y la pequeña luciérnaga seguía sin querer salir del árbol lampati. Una noche, con todas las luciérnagas poblando el cielo nocturno del bosque, su abuela se quedó en el árbol para razonar con ella “¿Qué te pasa, nieta? Nos tienes preocupados a todos, ¿Por qué no sales con nosotros por la noche a divertirte volando?”

“No me gusta volar” respondió, tajante, la pequeña.

“Somos luciérnagas, es lo que hacemos mejor. ¿No quieres volar mostrando tu luz e iluminando la noche?” le insistió la abuela.

“La verdad es que… Lo que me pasa es que…” comenzó a explicar la pequeña “… tengo vergüenza. No tiene sentido que ilumine nada si la luna ya lo hace. No me podré comparar nunca ella, soy una chispa diminuta a su lado”

“Si salieras con nosotros verías algo que te sorprendería. Hay cosas de la luna que aún no sabes…” dijo su abuela.

“¿Qué es lo que no sé de la luna que todos sabéis?” preguntó la luciérnaga pequeña con curiosidad.

“Pues que la luna no siempre brilla de la misma forma. Depende de la noche, brilla entera,  la mitad o solo un cachito. Incluso hay días que se esconde y nos deja todo el trabajo a nosotras, las luciérnagas. La luna cambia con frecuencia y no siempre brilla con la misma intensidad. En cambio tú, pequeña luciérnaga, siempre brillarás con la misma fuerza y siempre lo harás con tu propia luz” respondió la anciana luciérnaga.

Esa noche, la pequeña luciérnaga salió del lampati para iluminar la noche, entendiendo que cada uno debe hacer brillar su propia luz, mostrando a los demás lo mejor de sí mismo.


El dormilón de Koppur

Escrito por manlopseg 21-07-2018 en El dormilón de Koppur. Comentarios (0)

En un pueblo de la India llamado Koppur, vivía un enigmático hombre que -según contaban los veteranos- llevaba dormido más de 30 años y que por las noches se paseaba sonámbulo. Los vecinos ya se habían acostumbrado a esta rareza, pero el dormilón siempre era tema de conversación, pues nadie sabía a ciencia cierta la razón de su somnolencia.

Los visitantes que pasaban por el pueblo se divertían contemplándolo y no fueron pocos los turistas extranjeros que llegaron a la localidad para sacarse una foto con aquel hombre.

A lo largo de los años, médicos y curanderos analizaron al durmiente sin poder encontrar una razón lógica de su afección.

Pero un buen día llegó al pueblo un reconocido Maestro espiritual y el alcalde de Koppur le pidió que fuera a la casa del dormilón para tratar de determinar las causas del largo sueño y si había posibilidades de curarlo.

El Maestro accedió a la petición y visitó el dormitorio del hombre dormido, acompañado por un enorme grupo de curiosos. Se sentó junto a su cama, lo miró con atención, cerró sus ojos y colocó su mano sobre su cabeza, tratando de concentrarse y abstrayéndose del bullicio ocasionado por los vecinos.

Finalmente el hombre sabio abrió sus ojos, miró al alcalde y sonriendo a la multitud, dijo “Queridos amigos, he podido comunicarme en forma metafísica con esta persona que duerme ininterrumpidamente desde hace más de 30 años, y finalmente he encontrado la causa de su extraño comportamiento. Este buen hombre está soñando que está despierto y, entonces, no tiene ninguna intención de despertarse”

Para despertar, es necesario aceptar que estamos dormidos.


El miedo al fracaso

Escrito por manlopseg 21-07-2018 en El miedo al fracaso. Comentarios (0)

Una mañana, Nasreddin envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y comenzó a gritar “¡Hoy tendremos un concurso, quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro!”

Las personas lo miraban sorprendidas, pero él seguía gritando “¡Lo que está dentro de este pañuelo tiene un centro amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está dentro de una cáscara que se rompe fácilmente!”

La gente seguía mirándole con sorpresa y él no paraba de gritar “¡Lo que está dentro de este pañuelo es un símbolo de la fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos! ¿Quién es capaz de decirme de qué se trata?”

Evidentemente, todos pensaban que Nasreddin tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza equivocándose delante de los demás.

Nasreddin preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo equivocado. Entonces, abrió el  pañuelo y mostró a todos el huevo.

“Todos conocíamos la respuesta” afirmó “y nadie se atrevió a decirla. Así es la vida de los cobardes, que no tienen el valor de arriesgarse. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo al fracaso”


El boomerang y la luna

Escrito por manlopseg 20-07-2018 en El boomerang y la luna. Comentarios (0)

Hace mucho tiempo, antes que el hombre fuera como es ahora, Byamee, el gran espíritu según los aborígenes australianos, escuchó al canguro, al águila, al emú y al koala conversando una noche. En esos remotos tiempos, los animales eran mucho más veloces y fuertes de lo que son hora, y cada uno de ellos empezó a decir que era tan poderoso o más como el propio Byamee.

Entonces, Byamee los invitó a competir contra él. Al canguro le tocó el primer turno. Dio un inmenso salto y sobrepasó el árbol más alto. El águila, extendiendo sus enormes alas, voló tan alto que sólo Byamee podía verle. El siguiente fue el emú, que corrió tan rápido que apenas podían verle. Vino entonces el turno del koala, que escaló hasta la punta del más alto eucalipto.

Cuando cada uno de ellos había empleado sus habilidades al máximo, esperaron ansiosos para ver qué haría Byamee. Entonces, le vieron ir hacia el fuego y cuidadosamente elegir el boomerang más largo. Lo tomó firmemente en su mano por un momento, y entonces lo tiró con tal fuerza que llegó al cielo y ahí permaneció por siempre. Byamee, el gran espíritu, los superó a todos ellos. Y así es como la luna llegó al cielo.